
Aleksandra Nikolaevna ha ido en visita de su nieto, un importante oficial de su unidad. Emprendió el viaje pensando que podría pasar unos días con él, descubriendo en esa convivencia un nuevo mundo, uno conformado sólo por hombres, en el que no hay mujeres, sino sólo dolor, y en el que los días transcurren en la línea que existe entre la vida y la muerte.