Un
joven de la provincia de Misiones es un fan loco de Maradona. La televisión
informa del estado crítico de Diego, invadido por las drogas y con el cuerpo
maltrecho, su internamiento en una clínica y su posible traslado a Cuba.
El joven decide viajar a Buenos Aires para hacer entrega a Diego de una talla
esculpida en madera. La figura del futbolista y sus avatares de salud son sólo
un pretexto para que Carlos Sorin, director de Historias mínimas y Bombón,
el perro, construya una road movie peculiar en la que se vuelve a poner de manifiesto
su talento inigualable para retratar los personajes y las historias mínimas.
Trece
esencias para componer un perfume que todo aquel que lo olía sentía
el inevitable impulso de amar con lujuria, enajenados, como hipnotizados. Finalmente,
cuando llegó a Paris, despertó tanta pasión que su cuerpo
desapareció entre la multitud entre golpes y mordiscos.